Motivación. El motor para cualquier proyecto

Cómo construir tu propio rascacielos: Hazlo tú mismo

Hoy toca una reflexión. Sobre los gurús de la motivación, los que nos van a enseñar a resolver nuestros problemas y conseguir el éxito con una receta mágica.

La situación social y económica actual es la que es.

Difícil, ¿por qué no decirlo?

En ciertos sectores de la motivación, en ciertas empresas, está prohibido decir la palabra “crisis”. Lo entiendo: si estamos en un ámbito comercial, la crisis no vende, causa rechazo.

Aunque de ahí a negarnos a mirar la realidad hay un paso que no conviene cruzar.

¿Cómo ignorar que estamos en una situación social y económica que ralentiza el consumo y, consecuentemente, la rentabilidad de los negocios?

¿Cómo ignorar que las pymes encuentran más dificultades que hace unos años, sobre todo dificultades para financiarse?

¿Cómo ignorar, por último, que si las crisis contienen una oportunidad, también implican una amenaza?

En este contexto, florecen los expertos en motivación y psicología positiva, animándonos a rehacernos y enfocar de la manera más provechosa las situaciones difíciles. Por mí, bienvenidos sean. Su trabajo ayuda a desdramatizar estas situaciones, a encontrar fuentes de energía dentro de nosotros y a explotar nuestra creatividad buscando soluciones nuevas.

Mi bienvenida a quienes nos ayudan a superar los momentos difíciles.

Por mi parte, sufrir un golpe, acusarlo y levantarme de nuevo, es algo que ya he experimentado en mi vida.

Y no soy el único: somos legión quienes perseveramos en este entorno poco amigable para sacar adelante nuestros proyectos, aumentando cada día el valor del trabajo que ofrecemos a nuestra clientela.

Hola, aquí un experto en motivación para el éxito

Pero en ocasiones, tropiezo con gente a la que “se les ha saltado un fusible”. No encuentro otra explicación. ¿De verdad viven en el mismo mundo que la mayoría de nosotros? ¿Nos hablan al común de los mortales o a una pequeña élite?

Me encontré con un caso así hace unos días, en el programa “A punto con la 2”, donde el psicólogo Rafael Santandreu explicaba sus estrategias para lidiar con los errores y fracasos. Muy especialmente se dirige al ámbito empresarial.

Si sientes curiosidad, lo puedes ver en este enlace, desde el minuto 33:45 hasta el 48:40.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/a-punto-con-la-2/punto-2-03-06-16/3624346/

Encuentro muy poderosa la idea de que el error es consustancial a la vida y que es imposible erradicarlo. Si has vivido ya unos años, o aceptas los errores, o vives perpetuamente quemado. En cambio, me repele su propuesta para “la correcta gestión del error”: insistir, empeñarse, continuar. Lo que el llama “la estrategia de la marcha continua”. Visualiza y repite.

Así expresado, me parece peligroso. Estoy convencido de que insistir puede ser muy beneficioso siempre que se comprueben los resultados y se corrija el rumbo; no repitiendo sin más lo que nos ha llevado al fracaso. Y aún así, nada de esto garantiza el éxito.

Y, desde luego, hay veces en que el error nos informa de que vamos por mal camino y es mejor desistir.

Por eso, el remate de mi desconcierto llega con el siguiente ejemplo: “Imagínate que has comprado un piso y que te das cuenta de que has hecho una malísima inversión y que has perdido mucho dinero. Pues imagínate que sigues invirtiendo hasta convertirte en un experto, visualízalo, y el error te deja de doler.”

Que se lo cuente, pienso, a todas las personas que han hecho una “malísima inversión inmobiliaria”  que les ha barrido sus recursos y ha comprometido su futuro. A ver si les ha dejado de doler.

Una cosa es visualizar una salida, opciones para recuperarse y recuperar, además, la confianza en que se puede salir adelante, y otra, desatinada, es creer que cualquiera puede repetir una inversión tan alta una y otra vez, hasta que salga bien.

“Transmutar el error en un maravilloso acierto”, como dice Santandreu, no depende sólo de nuestras fuerzas. Es un “baile”, un juego de dos personajes: En un rincón del cuadrilátero estoy yo (o estás tú) con una mochila de experiencias, ilusión, dedicación y trabajo duro; y en el otro está el mundo (la vida, la realidad…) gobernado por factores que no está a nuestro alcance controlar.

Me parece un “lamentable error” proponer que todo depende de uno mismo. De uno mismo depende la mitad de la ecuación, la otra mitad es ingobernable: a veces encaja a la perfección con nuestros sueños, a veces no.

La mitad de la ecuación del éxito depende de ti. Sólo la mitad.

Sin olvidar que, para invertir una y otra vez hacen falta recursos: tiempo, medios materiales (dinero, pero no sólo), conocimientos, colaboradores, oportunidad (porque también tiene que ser un buen momento en el mercado).

¿Sabes por qué en los casinos la banca siempre gana? Porque antes de que lleguemos a los dos mil errores, antes de que el intento 2001 nos lleve al acierto, nos hemos quedado sin recursos para continuar. Mucho antes.

Por eso desconfío de las recetas exprés como la anterior. Si todo fuera tan simplón, todos tendríamos nuestro propio rascacielos. Quien no tiene uno es porque no se lo propone. ¿No te parece?

Como construirte tu propio rascacielos

En mi 50%, toda la energía

Mi visión, en cambio, es trabajar intensamente en la “mitad” que puedo controlar. Poner en juego todos los recursos de que dispongo, sin la falsa expectativa de que eso es lo único que cuenta.

Y uno de los recursos más fiables es contar con expertos que multipliquen mis posibilidades, que conozcan el terreno que yo no domino.

Si vas a embarcarte en una nueva aventura, ya sabes: ocurrirán errores, habrá factores que no dependan de ti, pero también podrás recurrir a expertos en tu entorno que te ayuden.

Y si esa aventura es abrir tu propio negocio, cuenta conmigo: te asesoraré y resolveré todos los trámites que necesitas para obtener tu Licencia de Actividad.

¿Y tú, qué opinas? ¿Qué te parecen las recetas exprés motivacionales? Te espero abajo, en los comentarios, para que lo compartas conmigo.

 

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