Los regalos de empresa. Y sus límites.

Los regalos de empresa. Y sus límites.

¿A quien no le gusta recibir regalos?

La época navideña, con su melodía de “paz, amor y amistad” se quedaría un poco descafeinada sin el ritual de entregar y recibir regalos ¿no te parece?

Pues, al olor del turrón, me he encontrado haciendo una reflexión un tanto pantanosa sobre los regalos de empresa y sus límites. Y la comparto ahora contigo.

Sí. Sobre esos regalos que en estas fechas empiezan a circular en todas direcciones: las cestas de navidad de las empresas a los empleados (eso es, cada vez menos), los regalos de proveedores a sus empresas clientes, las cenas y comidas de agasajo, los viajes “gratis”.

Es una práctica común y extendida. Y no parece que tenga más complicaciones ¿verdad? A disfrutar de ello, que nos lo hemos merecido.

Primera reflexión: ¿Son desinteresados los regalos de empresa?

  • El administrativo que recibe una cajita de vinos ¿tratará mejor las propuestas económicas del cliente que se la entrega?
  • La directiva que está a punto de decidir en un proceso de compra ¿se inclinará, en caso de duda, por esa empresa que le agasaja con un crucero?
  • Y un (o una) gerente o director general, ¿será más propicio en sus decisiones si recibe un maletín de…? (ejem)

Te preguntarás qué tiene que ver esto último con una humilde cesta de Navidad o un queso manchego regalados por la empresa en la que trabajas.  O por el proveedor que ves todos los días y con el que ya tienes una buena relación de amistad.

Y sin embargo me planteo que no es tan distinto. ¿Sabes cuál es el efecto de hacer un regalo?

  • Desde luego, quien recibe un regalo se ve impulsado a un mejor trato con quien lo hace. Y puede que hasta no sea consciente de ello. 
  • Quien regala causa buen efecto, mejora su imagen, consigue ser mejor recordado.

Todo esto parece muy deseable. Aunque nos movemos en una línea muy fina: a un lado, influenciar para vender (cosa muy razonable) y al otro, influenciar para “torcer voluntades”… (esto es ya algo más oscuro ¿no?)

 Segunda reflexión: ¿Dónde está la línea roja?

  • Entre el “inocente” queso manchego y los regalos más costosos. (El valor económico)
  • Entre si el receptor es una persona con capacidad de decisión en la organización o no. (El destinatario)
  • Entre si es una simple muestra de estima, o hay de por medio, digamos por ejemplo,  un proceso de compraventa o licitación. (La finalidad)

Cualquier presente, aún modesto, facilita la buena recepción de nuestras propuestas. Este efecto está muy bien estudiado y se utiliza ampliamente en márketing y ventas.

Ya lo dice el refrán: “El que regala bien vende, y el que recibe lo entiende”

Ten en cuenta que no estamos hablando del ámbito personal: un regalo de una persona a su pareja por su aniversario, o de una madre a su hijo por su cumpleaños, o de un grupo de deportistas a su entrenador.

Estamos hablando de un entorno profesional, donde las relaciones suelen ser motivadas económicamente, y es muy difícil sustraerse a las influencias que eso puede causar.

Fíjate en que las grandes empresas y la administración ya elaboran códigos éticos que marcan los límites entre lo que pueden o no aceptar los empleados, directivos, funcionarios y cargos públicos.

Por cierto, que hay quien piensa que estos “códigos éticos” son pura imagen. Y que no siempre están diseñados para evitar malas prácticas.

¿Qué pretende quien hace un regalo?

Jugando con esta pregunta,  me planteo que las intenciones pueden ser:

  • agradecer el buen trato y devolver el bienestar que nos ha producido una buena atención,
  • predisponer a nuestro favor a las personas que lo reciben y suscitar una “buena mirada” hacia nosotros,
  • avanzar puestos en una “fila”,
  • condicionar una decisión,
  • o recibir dinero, incluso

Después de esta lista, empiezo a ver más claro dónde podría poner una línea roja…

 Tercera reflexión: “Hola. Soy Hacienda.”

¡Vaya por Dios! El que faltaba en la fiesta.

A lo mejor te preguntas por qué se ha presentado al festival de regalos. Pero Hacienda no tiene dudas: un regalo es un bien en especie, “un pago”.

Y hay que tributar por él.

Ya sea la paga extra de la empresa, una batidora del programa de puntos de nuestro banco o, también, una cesta navideña de cualquier valor.

Porque Hacienda presume que hay un intercambio de bienes: tu regalito por aquí, y una contraprestación (legal, claro) por allá.

Regalo2

Si el importe del obsequio que has recibido es pequeño, lo más habitual es que Hacienda te deje tranquilo. Pero, legalmente, cualquier presente, bien considerado como “pago” o como donación podría estar sujeto a impuestos. Incluso (¡sorpresa!) los regalos de boda.

 Mis reflexiones finales

No puedo imaginar tener relaciones con personas de mi entorno sin incluir algún detalle, aunque sea una simple invitación a un café. O un regalo más valioso para los más cercanos.

¿Sabes? tampoco me parece natural eliminar los obsequios de las relaciones comerciales. Siempre hay momentos (ahora, por ejemplo, en Navidad) en los que creo que es oportuna una muestra de agradecimiento, o utilizar los regalos de empresa para fidelizar a los clientes.

Y sin embargo, para evitar un resbalón en las relaciones profesionales, creo que hay dos factores a tener en cuenta: la influencia que el regalo va a tener en la otra parte, y el trasfondo económico y tributario.

Más que conclusiones, me planteo preguntas:

Si recibo un regalo:

  • ¿Es desinteresado, o hay algo más detrás?
  • Cómo me influyen esas segundas intenciones: ¿Sería capaz de modificar mi actitud o decisiones?
  • ¿Qué implicaciones tributarias puede tener?

Si los hago:

  • ¿Tengo claro lo que quiero conseguir?: mostrar mi aprecio, facilitar una venta… A veces los dos a la vez.
  • ¿Cómo lo interpretará el receptor de mi regalo? No quiero dar lugar a confusiones.
  • ¿Conozco si tengo que pagar impuestos por ello? Y si quiero o puedo asumirlo.
  • ¿Voy a causar algún problema a la persona que lo recibe con su tributación?

Me gustan los regalos, a secas. No los regalos envenenados.

¿Y tú? ¿Qué opinas del papel de los regalos en las relaciones profesionales? ¿Crees que es necesaria cierta precaución o que todo es más sencillo?

Espero tu opinión aquí abajo, en los comentarios.

2 comentarios en “Los regalos de empresa. Y sus límites.

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