Cómo gestionar tu idea de negocio y descubrir si tiene futuro

Cómo gestionar tu idea de negocio y descubrir si tiene futuro

No puedo dormir.

Hoy me he despertado a las cinco de la mañana y ya no he sido capaz de conciliar el sueño.

Y esto me ha pasado ya varias veces en las últimas semanas.

¿Sabes qué ha tenido la culpa esta vez?

Ayer estuve hablando con un colega de otra actividad. Quiere cambiar el mobiliario de su establecimiento para adaptarlo a la imagen de marca que nos exigen. Estuvo viendo como lo tengo yo y le gustó, le gustó mucho. Me pidió ayuda para hacerlo igual en su local. Yo encantado.

Y a partir de ahí comenzó mi calvario: ¿Cuántos de otros compañeros de actividad también necesitan esa ayuda?

Mi cabeza (recordad que es una cuadrada cabeza de ingeniero) empezó a vomitar números, posibilidades, presupuestos, sistemas de ventas y posibles socios para hacerlo posible.

Y ya no pude parar:

es una oportunidad

es el momento

hay demanda

yo sé hacerlo: lo tengo probado

puedo ofrecer rapidez y un precio atractivo

Lo que me falta es tiempo. Y aprovechar esta coyuntura.

Pero no ha sido la única vez: el mes anterior otra nueva oportunidad me tuvo la cabeza ocupada: un traspaso de un negocio cuyo funcionamiento conozco bien. Pero un traspaso supone disponer de dinero, en este caso de mucho dinero.

Di vueltas: hablé con gente cercana; hablé con bancos; hablé con mi propio yo.

Hay momentos en que la respuesta es no. Si no consigues los recursos es como intentar derribar una pared a cabezazos.

Lo que me falta es dinero. Y antes de un plazo determinado.

Periódicamente me asaltan ideas de nuevos negocios. Me zarandean, me sacuden, me ilusionan y me EXIGEN (así, a voces) que las materialice, que las haga realidad.

Unas veces, llego a la conclusión de que puedo llevar a cabo mi idea: sé hacerlo, tengo los medios, hay gente que lo compraría… pero me frustro al comprobar que el precio que los clientes estarían dispuestos a pagar apenas cubre los gastos. No dejaría un sueldo. O sería de miseria. O incluso dejaría un agujero económico.

Son los casos en que me falta mercado. Podría haber demanda, pero nadie pagaría lo que cuesta el producto.

Otras veces me encuentro con una idea fantástica, novedosa, pero desconozco qué eco tendrá ahí fuera. Debería invertir bastante, bastante tiempo o bastante dinero o bastante de ambos, en comprobar si existe esa necesidad real. Y si alguien pagaría por ello. Y si ese pago dejaría beneficios.

Creo que entonces me falta de todo: tiempo, dinero, mercado. ¿Te ocurre a ti también?

¿Te sientes, como yo, acosado por un enjambre de ideas?

No sé decirte si es un don o una desgracia. Depende de como tenga el día me resulta muy satisfactorio recrearme en todo lo que haría y en la sensación de triunfo cuando lo llevo a cabo.

O me siento frustrado y cabreado, incapaz de centrarme en mi día a día mientras me parece que otra oportunidad se me escapa de las manos.

Así que he ido desarrollando mi propio sistema para lidiar con la desbocada producción de ideas. En ocasiones lo sigo de forma más fiel, y otras veces, como últimamente, la tormenta de ideas me pilla sin las herramientas preparadas.

No somos perfectos… Si quieres conocer cómo lo hago funcionar, continua leyendo: Voy a compartir contigo lo que hago para reconducir la situación y domesticar el enjambre de ideas furiosas.

Trece pasos para lidiar con el flujo de ideas creativas de negocio

1.- No renuncies a tu máquina productora de ideas

¿Has sentido la tentación de anular esa parte de tu cerebro? ¿De “tapiarlo”, “clausurarlo” o “seccionarlo”?

Aparentemente vivirás más feliz: adiós a los calentones de cabeza.

Pero la capacidad de ser creativo o creativa, de conectar cosas que recibes aquí y allá para crear algo nuevo, forma parte de ti (y de mi). Y de muchas otras personas a las que nadie les ha enseñado a estimularla.

No renuncies a ello: sería renunciar a una parte de ti mismo. A la larga, te sentirás amargado, te lo aseguro.

2.- No te dejes invadir

La idea de cortar con tu flujo de ideas surge de la cantidad de quebraderos de cabeza que produce. De lo invasivo que puede llegar a ser.

Cuando estás conduciendo, cuando estás trabajando en otra cosa, cuando comes, en mitad de una conversación o cuando estás a punto de dormirte: las ideas se atropellan unas sobre otras, o se convierten en un tema fijo y obsesivo sobre el que vuelves una y otra vez.

Basta!

Te propongo la técnica “de la cabeza al papel”: anota cualquier idea, sugerencia o inspiración con la que tropieces en esos momentos. Puedes usar una libreta o grabarlo en el móvil.

Anótalo y sácalo de tu mente. Ahora ya puedes seguir con lo que estabas haciendo. De verdad, pasa de ello.

Al menos, de momento.

3.- Fija una cita

¿Les ponemos un “horario de trabajo” a las ideas?

Márcalo en tu agenda: mañana, de cinco a siete de la tarde. O el sábado a las nueve.

Y cumple con tu cita: eres tan importante como cualquier otro cliente valioso.

Hasta ese momento señalado en tu agenda, no le des vueltas, sólo sigue anotando. Y despreocúpate luego.

Cuando llegue el momento de trabajar tu idea de negocio, dedícale todo el tiempo disponible de forma plena y concentrada, dejando cualquier otra tarea de lado.

Antes de terminar, programa tu próxima cita. Cuando ningún otro asunto vaya a interrumpirte.

4.- Deja que tu idea vaya tomando forma

Juega con ella.

No la materialices, no la acotes, no la excluyas demasiado pronto.

5.- Habla de tu idea

¿Podrías venderla a un amigo?

¿Qué obstáculos le ven los demás?

¿Cómo los superarías?

Hablar de mi idea es una de las cosas que más me cuesta. Parece que cualquiera podría copiarla. O tumbarla sin compasión: eso no funcionará, quién lo va a comprar, eso ya está inventado…

Copiarla… sí. Podría ser. Por algo las ideas no son patentables, porque están a disposición de cualquiera. Es más, seguramente tú mismo (yo también) nos hemos “inspirado” en otros.

Es ponerla en práctica lo que le da valor. No es que te lo diga yo, es lo que he aprendido, tanto de mi experiencia, como de la opinión de otros emprendedores.

Por otro lado, utilizo las resistencias y los obstáculos que otros le ven a mi posible negocio como retos a superar. ¿Nadie lo compraría? Puede ser cierto. ¿Y si hago una mini-encuesta entre el perfil de clientes a quienes me quiero dirigir? Ahora ya contaría con datos más reales que mi opinión y la de un amigo.

Un peligro no menor es cuando todos te animan: ¡es que sale tan barato…! No encuentras ninguna oposición y todo parece fácil. Es muy gratificante, pero necesitas también que alguien le busque debilidades a tu planteamiento.

Podría ser un juego: rétame, dime qué podría ir mal.

¿Por qué? Porque cuando te pongas en marcha, siempre, siempre, siempre, (o sea, siempre) te vas a encontrar tropiezos. Entrénate en superarlos.

6.- Huye de compartir tu idea con personas negativas

Aunque sea tu mejor amigo o tu pareja. Si por ellos habla el miedo, te contaminarán. Si no tienen esperanza, te tirarán abajo.

¿La diferencia entre contarte francamente los obstáculos y ser negativo?: Fíjate en si te dan argumentos o juicios de valor.

Y si te dan argumentos, ya sabes lo que tienes que hacer. Probar a encontrarle una solución viable.

Un ejemplo de juicio de valor es cuando te digan: “es que siempre te entusiasmas mucho al principio, pero luego te desinflas”. Aunque para eso también hay una respuesta: “es que lo trabajo intensamente hasta comprobar si es o no posible. Y si no es posible, paso página.”

7.- Planifica en “números gordos”

¿Sientes la tentación del perfeccionismo? A lo mejor quieres  hacer un plan de empresa con todos los detalles al milímetro.

Es demasiado pronto aún. Ya tendrás tiempo de afinar. En este momento trabaja con números “gordos”. Cifras aproximadas, vamos. Y siempre un poco al alza.

Calcula cuanto te van a costar:

  • gastos de acondicionamiento (reformas, Licencias de Actividad, …)
  • costes generales (alquileres, teléfono,seguros, préstamos, publicidad…)
  • sueldos (con su seguridad social, la que paga el trabajador y la que paga la empresa, y sus impuestos, ojo),
  • compra de equipamiento (ordenador, máquinas…y sus amortizaciones)
  • compra de mercaderías o materias primas
  • y estima un precio de venta para tu producto o servicio.

No te olvides de tu sueldo. Espera, que lo repito: ¡que no te olvides de tu sueldo!

Si no te da para pagarte un sueldo, estás frito.

Haz esto en cuatro trazos. Te da un encuadre suficiente para considerar cuánto tendrías que invertir, cuánto tendrías que vender para cubrir todos los gastos y plantearte si habrá suficientes clientes que te compren al precio que tu has estimado.

Y ahora, plantéate cómo vas a ir pagando los gastos fijos (y los impuestos, si toca) hasta que tengas suficientes ventas. Podría pasar un año… incluso más.

¿Podría ser? Sigue trabajando en ello. Si no te salen las cuentas quizá aún encuentres alguna solución alternativa.

Luego, poco a poco, ve completando el cuadro de gastos e inversiones. La lista anterior no pretende ser exhaustiva: es más bien orientativa.

Añade otros conceptos que se ajusten a tu caso particular.

8.- Busca como validar tu idea

En este punto debes hacer un trabajo previo al lanzamiento de tu producto o servicio. Es imprescindible para evitar ir a ciegas sobre la aceptación que tendrá.

No hay otra: necesitas investigar el mercado al que quieres dirigirte.

Si tienes un gran proyecto entre manos, lo mejor es recurrir a profesionales que pueden hacerte un estudio en profundidad.

Pero si no tienes recursos económicos para ello o, simplemente, tu idea no es tan ambiciosa, hazlo tú mismo: ¿Está a tu alcance hacer unas encuestas por teléfono, por correo electrónico, en la calle?

¿Qué tal consultar a otras empresas del sector, asociaciones profesionales, administraciones?

¿Y ponerte en contacto con proveedores? Conocer precios, preguntar cómo se mueven las ventas.

Y por último: ¿Puedes estudiar el lanzamiento de un Producto Mínimo Viable?

9.- Reenfoca

Ahora tienes mucha información sobre la mesa. Y parte de ella no te gusta: dice que no va a salir bien.

Deprímete un rato si quieres. Lo más duro es dejar de aferrarte a tu idea inicial.

Y ahora, reconsidéralo todo. Cambia cosas: ¿Un local más pequeño?, ¿una oferta de servicios más específica? ¿un porcentaje mayor de inversión en publicidad? ¿socios?

¿Qué tal queda el cuadro ahora?

10.- Gestiona tu frustración

Algunas ideas son tan prometedoras…

Pero ¿Quién te obliga a llevarlas todas a la práctica? Hay muchas que tendrás que dejar caer.

Asúmelo ya. Aprende que no puedes con todo.

La realidad impone sus límites, y no son negociables:

  • el tiempo no se estira
  • el dinero no aparece con un chasquido de dedos
  • la mentalidad y las necesidades de tus posibles clientes es la que es, y no la puedes modificar según tus deseos

Es así, muchas buenas posibilidades se quedarán por el camino. No es ninguna catástrofe, es lo más natural. No todo lo que se siembra está destinado a germinar.

11.- Deja caer lo que no puedes gestionar ahora

Lo dicho: si ves que no se puede, cierra el asunto sin contemplaciones. No mires atrás.

12.- Pero no lo deseches para siempre.

Guarda tus notas en una carpeta. Hoy no es viable, pero dentro de un tiempo, cuando lo revises, pueden haber cambiado muchas cosas. O inspirarte para una idea diferente.

13.- ¿Pasa las pruebas?

Pues ahora viene el momento de la verdad. ¿Te atreves?

Empieza el trabajo duro, pero empieza también tu aventura.

No le des más vueltas. Ponte en marcha y convierte tu idea de negocio en Tu Negocio.

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Y estoy deseando conocer tu opinión. Te espero en los comentarios.  

2 comentarios en “Cómo gestionar tu idea de negocio y descubrir si tiene futuro”

  1. Cuánta razón. Muchas veces se valora más la inmediatez y/o rapidez en la consecución de un proyecto determinado para lograr el objetivo, claro está, cuanto antes. Pero el resultado no es siempre el esperado, entre otras cosas, por una escasa planificación. Estoy muy de acuerdo en que lo primordial es no perder el enfoque y que las ideas hay que ponerlas negro sobre blanco para poder descubrir los más que probables problemas que puedan surgir y cómo llegar a soluciones que de otro modo nos serían invisibles.
    Me ha gustado mucho la entrada. Seguid así.
    Un saludo,
    Manu.

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